CatalIS: cuando financiar un emprendimiento también puede abrir caminos para la paz

La Corporación Industrial Minuto de Dios, el PNUD y la Embajada de Noruega respaldan CatalIS, un fondo que busca conectar inversión y financiación con emprendimientos vinculados a la construcción de paz en Colombia. Detrás de la iniciativa hay una dificultad concreta: para muchos de estos negocios, conseguir un crédito sigue siendo más difícil que ponerlos a funcionar.

Tener un negocio en marcha no siempre significa tener acceso a financiación. Esa es una de las barreras que enfrentan víctimas del conflicto, firmantes de paz, comunidades campesinas y otros emprendedores que han encontrado en sus proyectos productivos una forma de generar ingresos y construir nuevas oportunidades en sus territorios.


Es precisamente en esa brecha donde aparece CatalIS — Catalizador de Impacto Social, un nuevo fondo que combina crédito reembolsable, acompañamiento empresarial y medición de impacto para proyectos productivos que buscan crecer.


La iniciativa fue presentada oficialmente en Bogotá y cuenta con el respaldo de la Corporación Industrial Minuto de Dios, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Embajada de Noruega.

Cuando emprender no garantiza conseguir un crédito

Las cifras muestran el tamaño del desafío. En Colombia hay más de 10,3 millones de víctimas reconocidas del conflicto armado, según el Registro Único de Víctimas. A ellas se suman más de 13.000 firmantes del Acuerdo de Paz en proceso de reincorporación y otros actores vinculados a procesos de construcción de paz.


Para una parte de esta población, emprender se ha convertido en una alternativa económica. De acuerdo con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, el 54 % de los firmantes de paz prefiere emprender frente al empleo formal.


El problema aparece cuando llega el momento de crecer. Según cifras citadas por la Fundación Ideas para la Paz, apenas el 9 % de los firmantes consigue acceder a un crédito formal. La falta de historial financiero, las condiciones exigidas por las entidades y las características particulares de estos negocios pueden convertirse en obstáculos para acceder a recursos.


Así, iniciativas que ya producen y venden terminan dependiendo de sus propios ingresos para financiar el siguiente paso.

Detrás de las cifras hay negocios que ya están funcionando

El desafío se entiende mejor a través de las historias de quienes han tenido que buscar alternativas. Noemí Montiel, víctima del conflicto y representante de la Asociación Agropecuaria Amazónica del Pato, Agropato, cuenta que la banca tradicional les cerró las puertas pese a tener productos y materia prima. El acompañamiento de CatalIS le ha permitido fortalecer aspectos financieros y organizativos de su asociación.


En otro sector está Alexander Monroy, firmante de paz y cofundador de La Trocha y La Casa de la Paz. Su proyecto produce cerveza artesanal y, además, funciona como espacio de comercialización para más de 80 emprendimientos de víctimas, firmantes y comunidades campesinas.


También está la historia de Jenni Portilla, fundadora de una pastelería en Bucaramanga, quien comenzó vendiendo desde casa. La formación recibida en costos, finanzas y construcción de marca le permitió organizar mejor el negocio y proyectar la apertura de un local.


Tres historias distintas que muestran una misma dificultad: el hecho de tener un negocio funcionando no necesariamente abre las puertas del sistema financiero.

Un modelo que viene de una experiencia previa

La nueva propuesta recoge el aprendizaje de cinco años del Fondo de Financiación Social del padre Rafael García-Herreros, que ha realizado 1.435 operaciones de crédito por cerca de $9.000 millones.


De acuerdo con las cifras presentadas por la organización, este fondo registra un retorno de capital del 65 % y ha dirigido el 70 % de sus recursos a mujeres cabeza de hogar.


Con esa experiencia como punto de partida, la nueva etapa plantea una meta de fondeo de USD 1 millón, bajo un esquema de fondo rotatorio a diez años y con diferentes rutas de financiación según el perfil de cada operación.


Su estructuración tomó más de dos años y contó con la participación de organizaciones y equipos como PNUD, Dalberg, Dret Legal, el Parque Científico de Innovación Social — Emprende Verde y Anteia.

La apuesta: que el capital llegue donde ya hay capacidad para crecer

Durante el lanzamiento, el embajador de Noruega en Colombia, Dag Nagoda, señaló la necesidad de acercar la agenda económica a la construcción de paz y de involucrar al sector privado en estos procesos.


Para el padre Camilo Bernal, vicepresidente de la Obra El Minuto de Dios, una de las metas planteadas es alcanzar 50.000 clientes o beneficiarios en cinco años.


El reto ahora será llevar este modelo a los territorios y demostrar que combinar financiación con acompañamiento puede convertirse en una alternativa para negocios que, aunque ya están produciendo, todavía encuentran dificultades para acceder al crédito tradicional.


Porque en este caso, la discusión no comienza con cuánto dinero necesita un emprendimiento, sino con una pregunta previa: ¿cómo hacer que el capital también encuentre a quienes ya están haciendo empresa en los territorios?

Comenta

Descúbre todas las novedades sobre el acontecer universitario y cultural en UNIESPACIO.

Posts Recientes

Síguenos

Novedades ZONA Z

Sign up for our Newsletter

Click edit button to change this text. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

(Visited 1 times, 1 visits today)
↑
Close