
Formar para la dignidad: una deuda académica y social en Colombia
En un país como Colombia, atravesado históricamente por profundas desigualdades, conflictos armados, tensiones territoriales y brechas sociales persistentes, hablar de derechos humanos y justicia social no es un lujo académico: es una necesidad urgente. Sin embargo, durante años, estos temas han ocupado un lugar marginal en la formación profesional avanzada, como si la técnica pudiera desligarse de la ética, o el desarrollo económico pudiera avanzar sin la dignidad humana como eje.
Hoy, el contexto nacional vuelve a recordarnos esa deuda. Las crisis humanitarias en regiones apartadas, los desafíos en la implementación de los acuerdos de paz, el incremento de conflictos socioambientales y las discusiones sobre reformas sociales ponen en evidencia algo innegociable: Colombia necesita profesionales que no solo comprendan la ley, la economía o la administración, sino que sean capaces de interpretar para transformar la realidad desde una perspectiva de derechos, con sensibilidad social y compromiso holístico por la equidad.
En este escenario, la oferta de posgrados en derechos humanos y justicia social cobra una relevancia estratégica. No se trata únicamente de formar expertos en normas internacionales o en litigio, sino de impulsar una cultura académica orientada a la defensa de la vida, la equidad y la inclusión. Profesionales capaces de incidir en políticas públicas, acompañar comunidades, cuestionar estructuras injustas y promover cambios sostenibles.
Es por esto que resulta destacable la apuesta de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), que desde su rectoría ha impulsado una visión de educación para la transformación social. La creación y fortalecimiento de programas como la Maestría en Derechos Humanos y Justicia Social no es un hecho aislado, sino parte de un proyecto institucional que reconoce el papel de la educación como motor de equidad en territorios históricamente excluidos.
Este esfuerzo no se limita a una sola unidad académica, sino que refleja un trabajo articulado entre distintas escuelas. La Escuela de Ciencias Jurídicas y Políticas (ECJP) aporta el análisis normativo y el pensamiento crítico necesario para defender el Estado Social de Derecho; la Escuela de Ciencias Sociales, Artes y Humanidades (ECSAH) contribuye con la comprensión profunda de las dinámicas culturales, identitarias y sociales; la Escuela de Ciencias de la Educación (ECEDU) fortalece los procesos pedagógicos para formar ciudadanos críticos; la Escuela de Ciencias Agrícolas, Pecuarias y del Medio Ambiente (ECAPMA) aporta en temas territoriales y ambientales, permite entender las implicaciones económicas y productivas de la justicia social; mientras que la Vicerrectoría de Inclusión Social para el Desarrollo Regional y Proyección Comunitaria (VIDER) impulsa la equidad y el reconocimiento de las diferencias como base para el desarrollo.
Esta convergencia institucional demuestra que los derechos humanos no son un campo aislado, sino un eje transversal que atraviesa todas las disciplinas. Es, precisamente, esa mirada interdisciplinar la que necesita el país para enfrentar sus desafíos más complejos.
Más allá del discurso, Colombia requiere profesionales capaces de actuar en contextos reales: en comunidades rurales que reclaman acceso a la tierra, en barrios urbanos donde la desigualdad se expresa en falta de oportunidades, en territorios donde la defensa del ambiente se cruza con la supervivencia de pueblos enteros. Formar en derechos humanos y justicia social es, en última instancia, formar para la vida en sociedad.
Por ello, la apuesta de la UNAD no solo es pertinente, sino necesaria. En un momento en que el país debate su rumbo, la academia está llamada a liderar procesos de reflexión crítica y acción transformadora. Ampliar la oferta de posgrados en estos temas no es una cuestión de tendencia, sino un acto de responsabilidad histórica.
Colombia no podrá consolidar la paz ni reducir sus desigualdades, sin ciudadanos formados para comprender y defender la dignidad humana. Y en esa tarea, la educación superior, especialmente aquella comprometida con los territorios, tiene un papel insustituible.
Como lo ha expresado nuestro líder inspirador:
“Nosotros en la UNAD así lo comprendemos y así lo estamos haciendo”
Jaime Leal Afanador. Rector UNAD
Texto de:
Alba Luz Serrano Rubiano
Decana de la Escuela de Ciencias Jurídicas y Política, UNAD
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